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Reportaje Paulino Martínez Moré (Motril Digital)
Hay atracciones que forman parte de una feria. Y hay otras que, con el paso de los años, terminan formando parte de la memoria de todo un pueblo.
En el ferial de Motril, en el Cortijo del Conde, hay un tren que lleva más de siete décadas recorriendo la imaginación de varias generaciones. Un tren que quizá no necesite presentación porque, para muchos, basta con escuchar su nombre para que regresen de golpe los recuerdos de la infancia: las luces de la feria, el bullicio, la música, los gritos de emoción y, sobre todo, aquella bruja esperando en algún rincón del recorrido con su inseparable escoba preparada para repartir los famosos escobazos.
Es el Tren de la Bruja de los Hermanos Martín, una de esas atracciones que han conseguido algo que muy pocas alcanzan: convertirse en parte del paisaje sentimental de una ciudad.
Su historia comenzó en Motril de la mano de los bisabuelos Ángeles y José, cuando la vida de feriante era mucho más que un oficio: era una forma de vida que se aprendía en familia y se transmitía de padres a hijos. Generación tras generación, el apellido Martín ha seguido unido a las ferias de la Costa Tropical, manteniendo vivo un legado construido a base de kilómetros, trabajo, ilusión y muchas horas detrás de las luces del ferial.
Han pasado más de 70 años desde aquellos primeros tiempos. Cuatro generaciones de feriantes han tomado el relevo y, sin embargo, hay cosas que parecen haberse quedado detenidas en el tiempo. La bruja sigue esperando. La escoba sigue levantándose…. y los escobazos siguen provocando ese grito entre el susto y la risa que, curiosamente, parece no haber cambiado nunca.
Porque ahí reside buena parte de la magia de esta atracción. En que los padres que hoy acompañan a sus hijos fueron, no hace tanto, aquellos niños que subían al tren entre nervios y carcajadas. Y muchos de ellos descubrieron entonces que, después de un buen susto, siempre llegaba una risa. Hoy vuelven con sus propios hijos para repetir el ritual y entregarles un pequeño pedazo de su propia infancia. Así es como una atracción deja de ser simplemente una atracción. Se convierte en recuerdo. Se convierte en tradición. Se convierte en patrimonio emocional.
El Tren de la Bruja ha visto cambiar las ferias, las músicas, las modas y hasta la manera de entender el ocio. Ha visto pasar generaciones enteras por delante de sus luces. Ha acompañado veranos, fiestas, reencuentros y noches de feria en Motril. Y mientras todo a su alrededor ha ido transformándose con el tiempo, él ha conservado intacto ese espíritu que lo hizo especial desde el principio.
Quizá por eso, cuando el ferial del Cortijo del Conde vuelve a encender sus luces, hay quienes buscan primero ese tren. Porque saben que allí dentro les espera algo más que un recorrido y unos cuantos escobazos: les espera un encuentro con la infancia.
El Tren de la Bruja de los Hermanos Martín pertenece a esa estirpe de atracciones que han conseguido sobrevivir al paso del tiempo sin perder su esencia. Más de 70 años y cuatro generaciones después, continúa haciendo exactamente aquello para lo que nació: reunir a pequeños y mayores alrededor de una historia sencilla, divertida y eterna. Una bruja, una escoba, un tren y un puñado de risas.
A veces, para construir una leyenda de feria, no hace falta mucho más… y quizá por eso, cada vez que el tren vuelve a ponerse en marcha en el Cortijo del Conde, algo más que una atracción comienza a rodar. Rueda la memoria de Motril.