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Motril: XXIII Desfile de Modelos de la AECC ofreció belleza, superación y vida sobre la pasarela del Teatro Calderón

Reportaje Manolo Barreras

Motril Digital.- El telón del Teatro Calderón de Motril se abrió para algo más que un espectáculo: se abrió para celebrar la vida. El XXIII Desfile de ropa interior y bañadores llenó el aforo por completo, confirmando que cuando la solidaridad y la emoción se dan la mano, el éxito no se mide solo en números, sino en miradas, en aplausos y en corazones conmovidos.

Durante cerca de tres horas, el escenario fue un espacio de luz y valentía. No era un desfile cualquiera. Sobre la pasarela caminaban mujeres que han atravesado uno de los caminos más duros, mujeres que han conocido el miedo y lo han transformado en fuerza. Voluntarias de la Asociación Española contra el Cáncer de Motril que, con cada paso, demostraban que la belleza no desaparece con una cicatriz, sino que se redefine, se hace más profunda, más auténtica.

Entre sujetadores y bañadores, entre sonrisas cómplices y gestos llenos de dignidad, quedó claro que el atractivo no reside en la perfección, sino en la historia que cada mujer lleva consigo. Porque una mujer que ha superado un cáncer de mama no solo puede ser tan atractiva como antes: puede serlo aún más, porque ahora su belleza habla también de coraje, de resiliencia y de amor propio.

La tarde se completó con la energía de Campanilla Dance, la elegancia de la Escuela de Baile Virgen de las Angustias de Motril y el toque desenfadado y alegre de la chirigota de Vélez Benaudalla Los viejos no van de fiesta. Risas, música y baile envolvieron un evento que fue mucho más que entretenimiento: fue un abrazo colectivo.

Si Anita aportó el vestuario, la impecable presentación del acto corrió a cargo de María Gracia Pérez Amaya, como viene haciéndolo año tras año. Subrayar la colaboración de tantas otras manos invisibles que hicieron posible no solo el desfile, sino también el sorteo de regalos que solidariamente aportaron los comercios de Motril, sumando esfuerzos para una causa que importa. Pero más allá de la recaudación, el verdadero objetivo brilló con fuerza: recordar, a cada mujer que ha pasado por esta experiencia, que sigue siendo especial, única y hermosa.

Porque la feminidad no se pierde, se transforma. Y en esa transformación, nace una belleza que no se puede medir, pero sí sentir.