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El Cautivo: cuando Granada baja la voz en Domingo de Ramos

Reportaje Ramón Martín (Motril Digital)

Hay un momento en la tarde del Domingo de Ramos en Granada en el que la alegría se recoge, el bullicio baja el tono y la ciudad parece contener el aliento. Es entonces cuando el Cautivo se hace presente. Y todo cambia.

Porque si la mañana fue de palmas y luz, la tarde, con Él, empieza a teñirse de silencio interior. Desde el corazón mismo de Granada, con ese aire catedralicio que impone el entorno del Sagrario, se pone en la calle una de esas imágenes que no necesitan alardes: basta una mirada para entenderlo todo.

Jesús Cautivo camina preso, maniatado, con la serenidad del que acepta su destino. No hay estridencias, no hay dramatismo exagerado; hay verdad. Y eso, en la calle, cala. Cala en el que lo espera cada año y en el que se lo encuentra por primera vez. Porque el Cautivo no pasa: el Cautivo se queda.

Granada lo acompaña de otra manera. Más callada, más recogida. Las conversaciones se apagan cuando el paso se acerca, las miradas se alargan, y hay quien reza sin darse cuenta. Es una cofradía que invita a mirar hacia dentro, a hacer estación también en el alma.

Y luego está Ella. María Santísima de la Encarnación, que llega como bálsamo tras la sobrecogedora presencia del Hijo. Su palio avanza con dulzura, como si quisiera arropar cada sentimiento que el Señor ha despertado minutos antes. Es consuelo, es calma, es refugio en medio de una tarde que ya empieza a tomar otro color.

Pero si hay algo que define a esta hermandad es su manera de estar en Granada. No nace de un barrio concreto ni se limita a él: es del centro, del corazón mismo de la ciudad. Y eso se nota. En el recogimiento de sus calles, en la solemnidad de su salida, en ese aire serio que la envuelve desde el primer paso.

Dicen que el Domingo de Ramos es alegría. Y lo es. Pero el Cautivo recuerda que también es el principio del camino hacia la cruz. Por eso, cuando Él pasa, Granada no aplaude: Granada reza.

Y ahí, en ese silencio compartido, empieza a entenderse todo.