Voces de herencia y futuro: Aurora Vargas, Lela Soto y Lole Montoya en el Generalife
El ciclo Lorca y Granada vivió una noche de cante en femenino con tres artistas que encarnan distintas generaciones y maneras de sentir el flamenco.
Reportaje Ramón Martín.– El escenario de los Jardines del Generalife acogió uno de los encuentros más esperados del ciclo Lorca y Granada: Cantaoras. Tres mujeres con universos distintos, pero unidas por la verdad de su cante, compartieron espacio y compás en una velada que dejó claro que el flamenco sigue latiendo con fuerza desde la raíz y hacia el futuro.
La primera en alzarse fue Lole Montoya, icono que junto a Manuel Molina revolucionó el flamenco en los años setenta. Su voz íntima y cargada de metáforas volvió a emocionar con piezas que forman parte de la memoria colectiva. Especialmente celebrada fue su interpretación de la mítica Todos los colores, en la que invitó al público a acompañarla con un coro espontáneo, convirtiendo el auditorio en una gran familia flamenca. Con Carlos León a la guitarra y Frasquito Porrina en la percusión, Lole reafirmó que su legado sigue vivo y renovado.
Le tomó el relevo Lela Soto, heredera de una de las grandes sagas jerezanas, que acudió arropada por Rubén Martínez a la guitarra y con el compás de sus propias hijas en las palmas. Una imagen que subrayó la continuidad del arte flamenco como herencia viva. Lela mostró la frescura de su voz, afinada y rítmica, y agradeció con generosidad el calor de Granada, recibiendo una ovación cerrada.
El cierre correspondió a Aurora Vargas, reina del compás y la gracia sevillana, que apareció como un torbellino sobre el escenario. Acompañada por Miguel Salado y el compás de Manuel, Diego y Javi, desplegó la fuerza y el desgarro que la han convertido en figura esencial del cante. Su energía desbordó cada rincón del Generalife, dejando en pie a un público que no escatimó aplausos.
Todas las artistas coincidieron en resaltar lo mismo: “Qué alegría estar en Granada en una noche tan fresquita”, dijeron entre sonrisas, reforzando la complicidad con un público entregado que llenó el recinto hasta no caber un alfiler.
Bajo la dirección artística de Oh, Salvaje, Cantaoras no se concibió como una sucesión de recitales, sino como un diálogo entre generaciones. Lole, Lela y Aurora tejieron un viaje compartido donde tradición y renovación convivieron con naturalidad, demostrando que el flamenco no es solo herencia, sino también presente y horizonte.