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Granada: Sierra Nevada recupera sus colores y cambia los esquís por naturaleza

22 Agosto, 2026

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Granada: Sierra Nevada recupera sus colores y cambia los esquís por naturaleza

Por redacción MotrilDigital - 22 de agosto de 2026Actualizado: 22 de agosto de 2026

Reportaje Ramón Martín (Motril Digital)

La estación granadina cambia los esquís por el senderismo, el deporte, la astronomía y los grandes eventos estivales, mientras la montaña recupera sus colores naturales y la fauna vuelve a ocupar el primer plano. Pradollano mantiene en agosto un ritmo diferente, más pausado y familiar, que descubre otra forma de acercarse a Sierra Nevada.

Subir a Sierra Nevada en pleno agosto obliga a cambiar algunas de las imágenes que cualquier granadino lleva grabadas en la memoria.No hay paredes de nieve junto a la carretera, ni esquiadores atravesando Pradollano con las botas puestas, ni grandes pistas blancas descendiendo desde Borreguiles. Las laderas muestran ahora la piedra, los cauces y la vegetación de alta montaña, mientras las calles de la urbanización reciben a un visitante muy diferente al habitual durante la temporada de esquí.

Pero Sierra Nevada no se detiene cuando desaparece la nieve. El verano ha encontrado su propio espacio en la estación, con una actividad más pausada y menos multitudinaria, pero también con un público cada vez más definido: senderistas, deportistas, aficionados a la astronomía, familias, amantes de la naturaleza, seguidores de la música y la cultura o, sencillamente, visitantes que buscan escapar durante unas horas de las altas temperaturas de Granada y la Costa Tropical.

Durante esta campaña permanecen operativos el telecabina Borreguiles y el telesilla Veleta, que permiten ascender desde los 2.100 metros de Pradollano hasta cotas próximas a los 3.000 metros y acercar la alta montaña a visitantes que, en muchos casos, solo conocen Sierra Nevada bajo su imagen invernal.

Una Sierra diferente para un visitante diferente

El cambio de paisaje lleva aparejado también un cambio de público. En invierno domina claramente el esquiador. En verano aparecen familias con niños, senderistas, ciclistas, corredores de montaña, fotógrafos, montañeros y excursionistas que utilizan Pradollano como punto de partida para descubrir las zonas altas del macizo.

Hay, además, un importante componente de turismo de proximidad. Granadinos, vecinos del área metropolitana y visitantes procedentes de la Costa Tropical encuentran en Sierra Nevada una alternativa especialmente atractiva durante las semanas más calurosas del año.

Mientras en las cotas bajas el calor condiciona buena parte de la jornada, a medida que se gana altura la temperatura desciende de forma considerable. La diferencia permite sustituir durante unas horas el asfalto por el aire fresco, el paisaje abierto y una montaña que en verano muestra una personalidad completamente distinta.

Pero no todo el visitante estival busca simplemente temperaturas más suaves. Las rutas de alta montaña, las actividades guiadas, la observación astronómica, las propuestas vinculadas al cielo de Sierra Nevada y la posibilidad de contemplar amaneceres y atardeceres desde cotas elevadas configuran una oferta cada vez más diversa.

A ello se suma el deporte. Corredores, ciclistas y montañeros encuentran en la altitud y la orografía de Sierra Nevada un escenario de entrenamiento que durante estos meses cambia los esquís por zapatillas, bicicletas y mochilas.

Pradollano cambia de ritmo

A pie de calle, agosto tiene poco que ver con febrero. La plaza de Andalucía continúa siendo el corazón de Pradollano, aunque el movimiento se desarrolla de otra manera. Desaparecen las prisas por llegar a los remontes y aparecen las terrazas, los paseos, las mochilas y las familias que se detienen a contemplar unas pistas que apenas unos meses antes estaban cubiertas de nieve.

No todos los establecimientos mantienen el mismo calendario y la actividad comercial tampoco es uniforme durante toda la semana. Los fines de semana y las jornadas en las que coinciden competiciones, conciertos u otras actividades programadas concentran buena parte del movimiento.

También cambia el consumo. El visitante que permanece unas horas en la estación tiene necesidades diferentes a las de quien pasa varios días esquiando durante el invierno. Familias, deportistas, excursionistas y visitantes de un día conforman una clientela propia que mantiene la actividad en supermercados, cafeterías, restaurantes y otros servicios de Pradollano. El verano no reproduce el modelo de la temporada de esquí. Genera el suyo.

Más motivos para subir

Sierra Nevada ha ido ampliando en los últimos años las razones para subir a la montaña cuando no hay nieve. El deporte ocupa un lugar destacado, tanto en su vertiente competitiva como entre quienes buscan entrenar a gran altitud.

La naturaleza ofrece otra vía. Cuando desaparece la nieve quedan al descubierto senderos, lagunas, roquedos, pequeños cauces y espacios que durante buena parte del invierno pasan inadvertidos para el visitante.

La astronomía aporta, además, uno de los elementos más singulares. La altitud y las condiciones del cielo convierten Sierra Nevada en un escenario especialmente atractivo para las observaciones y actividades nocturnas.

Y está también la cultura. El Festival Sierra Nevada por Todo lo Alto se ha consolidado como una de las citas capaces de transformar durante un fin de semana el ambiente habitual de Pradollano y sumar la música a la oferta de naturaleza y deporte.

Este verano, la coincidencia de actividades culturales y deportivas ha vuelto a dejar jornadas de especial intensidad, demostrando que la estación puede atraer a públicos muy diferentes cuando existen motivos concretos para subir.

Una actividad que suma

Los últimos datos consolidados disponibles permiten situar el verano dentro del conjunto de la actividad de Sierra Nevada. Durante la campaña estival de 2024 se contabilizaron 30.207 visitantes y una ocupación hotelera media del 28 por ciento.  Las cifras no son comparables con las de una temporada de nieve, ni pretenden serlo. Son dos productos diferentes.

El invierno concentra el gran volumen económico y de visitantes de la estación, mientras el verano amplía el calendario y permite mantener actividad en una época que históricamente tenía un peso mucho menor.

Para hoteles, restaurantes, comercios y servicios de Pradollano, julio y agosto aportan visitantes e ingresos adicionales y contribuyen a reducir la dependencia de los meses de nieve.

No todos los establecimientos abren durante toda la campaña ni todos obtienen el mismo rendimiento, pero cada nueva actividad amplía las razones para subir a Sierra Nevada fuera del invierno. La campaña estival no sustituye al esquí. Lo complementa.

Cuando desaparece la nieve, aparece la montaña

Probablemente sea el paisaje el que mejor explica esa transformación. Sin nieve, Sierra Nevada deja al descubierto toda su estructura.  Las pistas se convierten en grandes corredores de tierra y piedra que descienden por las laderas. Las pilonas de los remontes sobresalen sobre el terreno desnudo. Aparecen pequeños cursos de agua, roquedos y una vegetación que durante meses permanece escondida bajo el blanco.

Borreguiles resulta especialmente sorprendente. El espacio que durante el invierno concentra a miles de esquiadores cambia por completo. Las grandes explanadas blancas se convierten en terreno abierto y los visitantes avanzan ahora caminando por lugares donde meses antes descendían sobre esquís. Pero el verano no descubre únicamente el paisaje. También devuelve protagonismo a sus habitantes.

En una jornada por las zonas altas resulta posible encontrarse con machos de cabra montés moviéndose entre laderas y roquedos, observar collalbas grises y alondras o levantar la mirada y descubrir el vuelo de los buitres leonados sobre la montaña. Son escenas que recuerdan que Sierra Nevada no queda vacía cuando termina la temporada de esquí. Simplemente cambia de protagonistas.

Otra banda sonora

También cambia el sonido. Ya no está el roce permanente de miles de esquís sobre la nieve ni el movimiento continuo alrededor de los remontes. Se escucha el viento,  las bicicletas, las botas golpeando la piedra, el canto de las aves. Las conversaciones de pequeños grupos que avanzan hacia las zonas altas.  Y, en algunos puntos, simplemente el silencio.

Pradollano, Borreguiles y las pistas parecen lugares diferentes sin haber cambiado de sitio.  La desaparición de la nieve permite descubrir detalles que durante el invierno quedan ocultos bajo la intensidad de la temporada.

La Sierra más allá del blanco

Durante décadas, la imagen exterior de Sierra Nevada ha estado inevitablemente ligada a la nieve. Y seguirá siendo así. El esquí forma parte de su identidad y constituye el gran motor de actividad de Pradollano. Pero el verano demuestra que la montaña tiene mucho más que ofrecer.

No se trata de convertir Sierra Nevada en algo distinto, sino de aprovechar precisamente aquello que ya posee: altura, naturaleza, paisaje, biodiversidad, deporte, temperaturas más suaves, infraestructuras y una cercanía excepcional con Granada y la Costa Tropical.

Familias, senderistas, corredores, ciclistas, aficionados a la astronomía, fotógrafos, amantes de la naturaleza y visitantes que simplemente buscan unos grados menos forman ya parte del paisaje de julio y agosto.

Y junto a ellos permanecen las cabras monteses, las aves de alta montaña y los grandes buitres que sobrevuelan unas laderas que dentro de pocos meses volverán a vestirse de blanco. La nieve regresará. Volverán los esquís, las colas frene a los remontes y una Pradollano completamente transformada.  Hasta entonces, Sierra Nevada continúa teniendo vida.Porque e l verano no muestra una Sierra Nevada sin nieve. Muestra la Sierra Nevada que la nieve oculta.