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Salobreña: El Guadalfeo agoniza mientras sus peces mueren. Una llamada urgente para salvar el río granadino

Por redacción MotrilDigital - 11 de octubre de 2026

La drástica reducción del caudal del Guadalfeo ha dejado al descubierto una realidad tan preocupante como inadmisible: la muerte de peces, entre ellos especies amenazadas, en un tramo fluvial que debería ser garantía de vida y biodiversidad. El Ayuntamiento de Salobreña ha trasladado la denuncia a las administraciones competentes y exige que se restablezca de inmediato el caudal ecológico hasta el mar.

Hay imágenes que deberían avergonzarnos como sociedad. Un río que pierde su agua, un cauce que deja de cumplir su función natural y peces muertos donde debería haber vida. No hablamos de una estampa lejana ni de un problema que afecte a un territorio desconocido. Hablamos del Guadalfeo, el río que vertebra buena parte del paisaje de nuestra Costa Tropical y cuya salud resulta esencial para el equilibrio ambiental de nuestro entorno.

La denuncia formulada por el Ayuntamiento de Salobreña pone sobre la mesa una situación que exige respuestas inmediatas. La reducción del caudal ha provocado la muerte de varias especies de peces, algunas de ellas en peligro de extinción, según ha informado el Consistorio tras comprobar los hechos. La situación se hace especialmente visible en el tramo comprendido entre el Azud del Vínculo, en las proximidades de Lobres, y la desembocadura del río en el Mediterráneo.

Y ante semejante escenario, la pregunta resulta inevitable: ¿cómo hemos llegado a permitir que un río pueda quedarse sin el agua necesaria para mantener la vida en su cauce?

No estamos ante una cuestión menor ni ante una simple discusión técnica sobre la gestión de los recursos hídricos. Estamos ante un problema ambiental que afecta directamente a la biodiversidad y que obliga a las administraciones responsables a actuar con diligencia. El agua de un río no puede entenderse únicamente como un recurso que se distribuye, se almacena o se deriva. También es el sustento de un ecosistema cuya supervivencia depende de que se respeten unas condiciones mínimas de caudal.

Cuando ese equilibrio se rompe, las consecuencias pueden ser devastadoras. La disminución del agua reduce los espacios disponibles para la fauna, deteriora las condiciones del hábitat y puede dejar a los peces atrapados en zonas aisladas, sin garantías suficientes para sobrevivir. Si, además, están implicadas especies amenazadas, la gravedad del problema aumenta y la obligación de prevenir daños resulta todavía más evidente.

El Ayuntamiento de Salobreña asegura haber trasladado la situación a los responsables de Medio Ambiente de la Diputación de Granada y de la Junta de Andalucía, así como a los responsables de la gestión del sistema de presas Béznar-Rules. Ahora corresponde a los organismos competentes examinar lo ocurrido, determinar las causas de la reducción del caudal y adoptar las medidas necesarias para evitar que el daño continúe.

La petición municipal es clara: restablecer de manera inmediata y urgente el caudal ecológico hasta el mar. No es una demanda que deba quedarse en un intercambio de comunicaciones oficiales. La urgencia ambiental requiere actuaciones concretas, explicaciones transparentes y garantías de que el río contará con el agua necesaria para sostener su ecosistema.

Especialmente llamativo resulta que esta situación afecte a un entorno en el que el propio Ayuntamiento lleva años trabajando a través del proyecto Custodia de los Ríos, una iniciativa que incluye actuaciones destinadas a favorecer la reproducción y protección de especies en peligro y en peligro crítico de extinción. Todo ese esfuerzo pierde parte de su sentido si, al mismo tiempo, el río no dispone de las condiciones básicas para que esas especies puedan sobrevivir.

Proteger una especie no consiste únicamente en crear espacios para su reproducción. También significa conservar su hábitat, garantizar las condiciones ambientales que necesita y evitar que decisiones u omisiones en la gestión del agua pongan en riesgo su supervivencia. La conservación debe ser integral, coherente y sostenida en el tiempo.

El Guadalfeo no puede convertirse en un cauce de vida intermitente, sometido a una gestión que olvide sus necesidades ecológicas. Su desembocadura no es simplemente el punto final de un recorrido fluvial: es parte de un sistema natural cuyo equilibrio merece respeto y protección.

La denuncia de Salobreña debe servir para algo más que constatar una situación lamentable. Debe abrir la puerta a una respuesta efectiva de las administraciones implicadas, a una revisión de las condiciones de circulación del agua y a una vigilancia que impida que episodios como este vuelvan a repetirse. También resulta necesario conocer con claridad qué ha provocado la reducción del caudal y qué responsabilidades, si las hubiera, pudieran derivarse de las circunstancias que han conducido a esta situación.

Porque cuando hablamos de agua, hablamos también de responsabilidad pública. Y cuando hablamos de especies amenazadas, el margen para la indiferencia debería ser inexistente.

El Guadalfeo forma parte de la identidad natural de Salobreña y de la Costa Tropical. Su valor no se mide exclusivamente por su utilidad para las actividades humanas, sino también por la vida que alberga y por el equilibrio ambiental que contribuye a mantener. Dejar que su caudal descienda hasta comprometer esa vida sería aceptar una pérdida que podría resultar irreparable.

Ahora hacen falta hechos. Hace falta que las administraciones competentes respondan, que se evalúe el alcance del daño y que se garantice el caudal ecológico reclamado. La protección del río no puede depender únicamente de denuncias puntuales ni de actuaciones cuando el problema ya es visible.

Un río no necesita que lo recordemos cuando sus peces aparecen muertos. Necesita que lo protejamos antes de que eso ocurra.

El Guadalfeo todavía está a tiempo de recibir la atención que merece, pero la urgencia no admite demoras innecesarias. Salvar su biodiversidad es una responsabilidad compartida y una obligación que no debería encontrar excusas cuando lo que está en juego es, sencillamente, la vida.