Romancero: Diego del Morao, El Pele y Farruquito llenan el Generalife con un encuentro irrepetible
El ciclo Lorca y Granada vivió una de sus noches más esperadas con un público multitudinario llegado de toda Andalucía y decenas de pueblos de Granada.
Reportaje Ramón Martín (Motril@Digital).– El ciclo Lorca y Granada en los Jardines del Generalife celebró una velada de cante, guitarra y baile que quedará en la memoria del público. Romancero reunió a tres nombres imprescindibles del flamenco actual —Diego del Morao, El Pele y Farruquito— en un encuentro que unió Jerez, Córdoba y Sevilla sobre un mismo escenario.
El guitarrista Diego del Morao abrió con su toque inconfundible, heredero de una estirpe que ha marcado el compás de Jerez. Con Fernando Carrasco a la segunda guitarra, Ané Carrasco en la percusión y Maloko al cante, desplegó improvisación y swing, recordando por qué es considerado uno de los grandes guitarristas de su generación.
El turno de El Pele estuvo cargado de emoción desde el primer cante. Su voz, siempre desnuda de artificios, estremeció al auditorio en una soleá que el público percibió como un homenaje íntimo a Enrique Morente, figura a la que quiso recordar desde lo más hondo. La guitarra de Niño Seve, el compás de Eduardo Gómez y Naim Real y la percusión de José Moreno sostuvieron una actuación donde cada quejío fue memoria y verdad.
El baile lo puso Farruquito, heredero de la saga de los Farruco, que convirtió el escenario en un viaje a la raíz con tangos, bulerías y alegrías. Con Ramón Amador a la guitarra, Paco Vega en la percusión y un sólido grupo de cantaores, desplegó fuerza y sensibilidad a partes iguales, con un zapateado que levantó al público de sus asientos.
La respuesta fue unánime: lleno absoluto, con espectadores llegados en autobuses desde toda Andalucía y de más de ochenta pueblos de la provincia de Granada. Solo desde Motril, varios autobuses se desplazaron para vivir una de las noches más esperadas del verano cultural. La entrega del público fue total, acompañando a los artistas en cada compás y coreando en los momentos álgidos.
Romancero fue más que un recital: un diálogo vivo entre tres formas de sentir el flamenco, sostenido por la fuerza de la memoria, la herencia familiar y la vigencia de un arte que sigue renovándose sin perder raíz.