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Reportaje Paulino Martínez Moré y Manolo Barreras (Motril Digital)
Salobreña ha vivido una de esas veladas en las que la música consigue algo más que llenar un recinto: consigue reunir generaciones, recuerdos, canciones y emociones alrededor de un mismo escenario.
El Polideportivo Municipal Julio Martín Pérez ha presentado un aspecto espectacular, con un aforo repleto y un público llegado desde distintos puntos de Andalucía dispuesto a reencontrarse con algunas de las canciones que forman parte de la banda sonora de varias generaciones. La quinta edición de Tropicalia Summer Music ha convertido así Salobreña en uno de los grandes puntos de encuentro musicales de este verano en la Costa Tropical. La programación había reunido en una misma noche a Revólver, Amistades Peligrosas, Los Toreros Muertos y Hechizo, una combinación que viajaba por diferentes territorios del pop y el rock español de las últimas décadas.
Y el público respondió.
Desde primeras horas de la tarde, el ambiente anunciaba que no iba a ser una noche cualquiera. Familias, grupos de amigos, seguidores que conservan intacta la memoria de los años ochenta y noventa y nuevas generaciones que han heredado aquellas canciones fueron ocupando el recinto hasta completar el aforo.
Porque quizá esa sea una de las grandes virtudes de Tropicalia Summer Music: entender que la nostalgia no tiene por qué mirar únicamente hacia atrás. Puede convertirse en una celebración colectiva del presente.
Cuando aparece Revólver, aparece también una parte esencial de la historia reciente del rock español.
Al frente, Carlos Goñi, músico, compositor y alma de un proyecto que ha sabido mantenerse durante décadas sin renunciar a su identidad. Canciones como Si es tan solo amor, El roce de tu cuerpo, Eldorado, Calle Mayor o Dentro de ti pertenecen ya a ese territorio privilegiado de las canciones que han sobrevivido al paso del tiempo.
La trayectoria de Revólver está íntimamente ligada a los grandes años del rock de autor español y a discos que marcaron una época. Básico supuso un punto de inflexión decisivo, mientras que Eldorado, publicado en 1995, confirmó la dimensión artística y popular de Carlos Goñi.
Pero Revólver no vive únicamente de la memoria.
En 2026, Carlos Goñi ha regresado a la carretera con LA 03010, su nueva colección de canciones inéditas, dentro de una gira que combina ese nuevo material con el repertorio imprescindible de la banda.
Y eso se ha percibido esta noche: la historia y el presente compartiendo escenario. Una demostración de que determinadas canciones no envejecen; simplemente encuentran nuevos públicos.
Después llegó el universo de Amistades Peligrosas, uno de los dúos más reconocibles del pop español de los años noventa.
Cristina del Valle y Alberto Comesaña protagonizaron una de las historias más singulares de aquella década. Su música consiguió convertir el pop en un espacio donde cabían el deseo, las relaciones personales, la provocación y también la reflexión social.
Estoy por ti, Me quedaré solo, Muy peligroso y, por supuesto, Me haces tanto bien, forman parte de ese repertorio que basta con escuchar unos segundos para provocar una reacción inmediata en el público.
Son canciones asociadas a una época, pero también a experiencias personales. Por eso, cuando suenan décadas después, no parecen canciones antiguas: parecen recuerdos que vuelven a cobrar vida.
El regreso de Cristina del Valle y Alberto Comesaña a los escenarios ha permitido precisamente eso: que aquellas canciones vuelvan a encontrarse con un público que las esperaba y con espectadores más jóvenes que las han descubierto a través de sus padres, de las plataformas digitales o de la propia cultura popular. La programación de Tropicalia ha sabido aprovechar esa capacidad de conexión intergeneracional.
Esta noche, Salobreña volvió a bailar al ritmo de los noventa.
Y si hubo un momento en el que la nostalgia dejó paso directamente a la diversión, ese fue el protagonizado por Los Toreros Muertos.
La banda, surgida en el contexto de la Movida Madrileña, convirtió desde sus comienzos el humor y la provocación en parte fundamental de su lenguaje musical.
Con Pablo Carbonell como figura central, Los Toreros Muertos hicieron de lo absurdo una forma de arte y consiguieron algo muy difícil: crear canciones aparentemente disparatadas que terminaron convirtiéndose en auténticos himnos.
¿Quién no reconoce Mi agüita amarilla?
¿Quién no ha cantado alguna vez Yo no me llamo Javier?
Precisamente ahí reside la magia de Los Toreros Muertos. Sus canciones pueden parecer irreverentes, surrealistas o incluso disparatadas, pero han conseguido atravesar décadas y continuar provocando sonrisas desde las primeras notas.
Esta noche, el Polideportivo Julio Martín Pérez volvió a convertirse por momentos en una fiesta colectiva. Una fiesta en la que el público no acudió solamente a escuchar música, sino también a recuperar el espíritu gamberro y despreocupado de una época en la que la música española aprendió que también podía reírse de sí misma.
Y para cerrar este recorrido por la memoria del rock español, Hechizo tomó el relevo con un desafío mayúsculo: mantener viva la esencia de Héroes del Silencio, una de las bandas fundamentales del rock en castellano.
Hechizo lleva desde 2006 recorriendo escenarios con su homenaje a la banda zaragozana. En estos veinte años ha pasado por numerosos espacios de España y también por escenarios internacionales, construyendo un espectáculo que busca reproducir la intensidad, la fuerza y la atmósfera de Héroes del Silencio.
No podía faltar una noche así un repertorio capaz de provocar una respuesta inmediata: Entre dos tierras, Maldito duende, La chispa adecuada, Mar adentro, Avalancha o Héroe de leyenda pertenecen ya al imaginario colectivo del rock español.
Y hay una circunstancia especialmente simbólica: Hechizo celebra en 2026 sus veinte años sobre los escenarios. Dos décadas manteniendo vivo un repertorio que continúa congregando a miles de seguidores.
En Salobreña, ese aniversario encontró un escenario a la altura.
Quizá lo más interesante de la noche haya sido comprobar que no existía un único público.
Estaban quienes llegaron buscando el rock de Revólver. Quienes querían recuperar las canciones de Amistades Peligrosas. Quienes esperaban reír y cantar con Los Toreros Muertos. Y quienes necesitaban volver a escuchar la guitarra y la voz de Héroes del Silencio a través de Hechizo.
Pero todos terminaron formando parte de la misma historia.
Tropicalia Summer Music ha conseguido reunir en Salobreña una parte significativa de la memoria musical española, desde la irreverencia de la Movida hasta el pop de los noventa y el rock de autor que continúa llenando escenarios en pleno 2026.
La elección del Polideportivo Municipal Julio Martín Pérez como marco de esta noche ha permitido además convertir el concierto en un auténtico acontecimiento de ciudad. El recinto lleno, el público llegado desde diferentes puntos de Andalucía y la respuesta ante cada uno de los artistas confirman la capacidad de convocatoria de una propuesta que ya se ha consolidado dentro del verano musical de la Costa Tropical.
Y quizá esa sea la mejor manera de resumir lo ocurrido esta noche:
Salobreña no ha viajado al pasado. Ha conseguido que el pasado vuelva al presente.
Durante unas horas, las canciones dejaron de pertenecer a una década concreta para convertirse en patrimonio de todos los que estaban allí.
Las guitarras de Revólver, la sensualidad pop de Amistades Peligrosas, el humor de Los Toreros Muertos y la intensidad de Héroes del Silencio a través de Hechizo hicieron el resto.
Cuando se apagaron las luces, quedó la sensación de haber asistido a algo más que un concierto.
Quedó la certeza de que hay canciones que no desaparecen.
Solo esperan a que llegue una noche de verano, un escenario y miles de personas dispuestas a cantarlas otra vez.
Y esta noche, en Salobreña, esas canciones volvieron a sonar.