Reportaje Paulino Martínez Moré (Motril Digital)
No cabe la menor duda. No es una cuestión de fe, sino una realidad que se repite año tras año. La feria sigue siendo un poderoso punto de atracción, un lugar al que se acude por tradición, por diversión y, sobre todo, por la ilusión de compartir unas horas diferentes.
Hay quienes apuntan a las nuevas generaciones como las grandes protagonistas. Son los pequeños quienes tiran de los padres, y estos, a su vez, terminan arrastrando al resto de la familia. Pero, en realidad, la historia vuelve a repetirse. Porque quienes hoy llevan de la mano a sus hijos también fueron niños y conocen perfectamente la emoción que supone vivir un día de feria.
Así, entre atracciones, luces, música, casetas, paseos y encuentros improvisados, se construye ese ambiente festivo, lúdico y popular que forma parte de la esencia de estos días. Un bullicio que, incluso con su inevitable anarquía sonora, lejos de molestar, parece formar parte del paisaje que todos esperan encontrar cuando llega la feria.
Porque quizá ahí reside su secreto: en que cada generación encuentra su propia manera de disfrutarla, pero todas terminan compartiendo la misma ilusión.