MOTRIL ACOGE.- Una vez más la política europea se ha puesto de acuerdo, con el llamado Pacto de Migración y Asilo, no en una mejora de la vida de las personas, sino en recortar derechos. En esta ocasión, han acordado recortar los derechos a los inmigrantes y en especial uno de los que forman parte de las señas tradicionales de identidad de los países fundadores de la Unión Europea: el DERECHO DE ASILO, recogido también en la Convención de Ginebra.
Entre otros:
? Se elimina la representación legal efectiva en los procedimientos de control en la frontera.
? Permite la deportación de las personas mientras se resuelve su situación legal.
? Permite la retención de niños en la frontera, poniendo en peligro su salud física y mental.
? Restringe las actuales posibilidades de reunificación familiar. Los niños no acompañados no podrán, por ejemplo, reunificarse con sus hermanos que están en otros lugares.
? Mercantiliza la solidaridad, al permitir que un país pueda cambiar obligación de acogida por aportación económica.
? Promueve la creación de centros de detención fronterizos.
? Se refuerza la externalización de controles fronterizos a terceros países que, en algunos casos, violan sistemáticamente los Derechos Humanos.
En Motril Acoge, por tanto, queremos unirnos a las muchas asociaciones e instituciones que han analizado este Pacto y denunciado los aspectos regresivos que conlleva. Aún estamos a tiempo de impedirlo. Se trata de un acuerdo preliminar que tiene que se ratificado en el Parlamento y que sólo la presión de la ciudadanía consciente puede evitar que se hagan efectivos esos puntos.
La principal excusa para este acuerdo argumentan que ha sido el intento de contener la creciente influencia en Europa de los partidos nacionalistas anti-inmigrantes, priorizando por ello el cierre de fronteras frente al derecho a migrar o a los derechos de la infancia; pero nosotros pensamos que no se combate al error castigando a los débiles, sino con campañas de educación, mostrando la riqueza cultural, ética y económica que conlleva el fenómeno migratorio.
Porque, no nos engañemos, cuando un derecho se pierde, no lo pierden sólo los directamente afectados por el mismo, en este caso los refugiados; el derecho lo perdemos todos: además de que, como ya sucedió, mañana también podemos ser nosotros los solicitantes de asilo, ahora perderíamos otro trozo de aquella categoría moral de la que, como europeos, presumíamos.