Reportaje Ana Sánchez (Directora de la revista Alhóndiga).-Con motivo del pase a la reserva del Coronel Federico Emilio González-Vico Santiago tras sus años al frente de la Subdelegación de Defensa, la directora de la revista Alhóndiga reivindica el importante legado patrimonial, humano y cultural que deja en la provincia de Granada.
A finales del siglo XVI, el célebre arquitecto Ambrosio de Vico trazó la icónica «Plataforma de Vico», el plano histórico más célebre que fijó para la posteridad la fisonomía urbana, el alma y los monumentos de Granada. Siglos después, la historia —que suele ser caprichosa y poética con los nombres— ha querido que otro Vico, el Coronel del Ejército de Tierra Federico Emilio González-Vico Santiago, haya pasado los últimos años de su carrera militar al frente de la Subdelegación de Defensa trazando su propia «plataforma»: un mapa invisible pero imborrable de afectos, sensibilidad patrimonial y cercanía con la sociedad civil granadina.
Prueba de este hondo calado institucional ha sido la comida homenaje celebrada hoy en su honor en el hotel Abades. Un encuentro que ha congregado a una amplísima representación de la sociedad granadina, liderada por el delegado de la Junta de Andalucía, Antonio Granados, y el subdelegado del Gobierno, José Antonio Montilla y el presidente de la Diputación Provincial, Francisco Rodríguez. A ellos se sumó el respaldo unánime de la cúpula militar y de seguridad de la provincia, encabezada por el jefe del MADOC y el coronel de la Base Aérea de Armilla, junto a los mandos de la Guardia Civil y la Policía Nacional. Su presencia no fue un mero protocolo, sino la constatación de que Granada despide a un militar de trayectoria brillantísima, construida con disciplina, sentido del deber, lealtad y servicio a España.
Quienes hemos tenido el privilegio de conocerle sabemos que, junto a ese impecable expediente castrense, existe otra faceta igualmente valiosa: la del hombre profundamente comprometido con la historia, el patrimonio y la cultura de nuestra tierra. Su gestión ha demostrado que el uniforme y el compromiso con la cultura no solo son compatibles, sino que se enriquecen mutuamente.
Desde la dirección de la revista Alhóndiga, tuve la fortuna de descubrir esa dimensión gracias a un proyecto que nos unió. Bajo su mandato, la Subdelegación de Defensa no fue solo una institución; fue una casa abierta a la cultura. Jamás olvidaremos el histórico patio de la Subdelegación albergando la presentación de nuestra revista dedicada a la conmemoración de los «700 años de Granada y la pólvora»; un gesto que reflejaba perfectamente su manera de entender el servicio público: tender puentes entre la institución militar y la sociedad civil.
Como subdelegado, Federico no se limitó a ejercer las responsabilidades inherentes a su cargo. Supo acercar las Fuerzas Armadas a los municipios de la provincia, fortalecer la relación con los ayuntamientos y recordar que la defensa de un país también consiste en proteger su memoria, su identidad y su legado. Su dibujo no ha sido de calles y murallas, sino un mapa que une instituciones, pueblos y personas, construido con respeto, diálogo y generosidad.
Ese profundo arraigo granadino se ha manifestado también en sus convicciones más íntimas y en su vinculación con nuestras tradiciones. Ahí están su pertenencia a la Cofradía de los Favores en el Realejo o ese emotivo acto en el que entregó su fajín militar a los pies de nuestra Patrona, la Virgen de las Angustias. Son actos que hablan de una persona que entiende el honor no solo como un valor castrense, sino como una forma de vivir y de agradecer cuanto ha recibido de su tierra.
Esta nueva etapa en la reserva militar no disminuye una vocación de servicio que Federico ha hecho su forma de vida. Concluye su responsabilidad oficial en la Subdelegación de Defensa, pero se abre un tiempo propicio para seguir enriqueciendo la vida civil granadina. Es el momento de disfrutar, sin las exigencias del cargo, de su familia, de sus amigos y de ese amor por el patrimonio que siempre le ha definido.
El Coronel Federico Vico deja su despacho oficial, pero se queda para siempre en el corazón de una Granada que hoy, unánimemente, le da las gracias por haber demostrado que se puede servir a España con el mismo compromiso y respeto con el que se ama a la tierra que le vio nacer.