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Reportaje Ramón Martín (Motril Digital)
Hablar del Corpus de Granada es hablar de una de las celebraciones más arraigadas y queridas de Andalucía. Durante una semana, la ciudad transforma su ritmo habitual para entregarse a una fiesta donde conviven tradición, cultura popular, gastronomía, música y convivencia. El recinto ferial de Almanjáyar vuelve a convertirse este año en el corazón festivo de Granada, con decenas de casetas repartidas por sus calles, auténticos espacios de encuentro donde se vive el alma del Corpus.
Las casetas son mucho más que simples estructuras levantadas para la ocasión. Son pequeñas embajadas de asociaciones, peñas, colectivos, instituciones y grupos de amigos que mantienen viva una tradición que forma parte de la identidad granadina. Entre sevillanas, rumbas, rebujito, tapas y conversaciones interminables, cada una posee una personalidad propia que la distingue del resto.
Precisamente hoy hemos tenido la oportunidad de visitar la Caseta de Motril, una de las referencias tradicionales del recinto ferial y propiedad de la Casa de Motril en Granada. Desde primera hora de la tarde presentaba un magnífico ambiente, con una notable afluencia de público que llenaba mesas y barras en un constante ir y venir de visitantes.
Nada más cruzar su entrada se percibía ese ambiente tan característico que convierte al Corpus en una fiesta única. El aroma de las tapas recién servidas, las conversaciones animadas y el sonido inconfundible de las sevillanas creaban una atmósfera de alegría compartida. Familias, grupos de amigos y visitantes de distintas procedencias disfrutaban de una jornada marcada por la hospitalidad y el buen ambiente.
La música ocupaba un lugar protagonista. Las sevillanas sonaban una tras otra mientras numerosas parejas se animaban a bailar, recordando que el Corpus no se entiende sin ese componente festivo que invita a participar incluso a quienes llegan por primera vez. Entre palmas, sonrisas y compases, la caseta ofrecía una imagen de plena vitalidad.
La gastronomía, como ocurre en toda feria andaluza, también desempeñaba un papel fundamental. Las tapas circulaban constantemente entre los asistentes, convirtiéndose en el mejor acompañamiento para una conversación distendida o para hacer un alto entre baile y baile. Esa combinación de cocina popular, música y convivencia sigue siendo uno de los grandes atractivos de las casetas del Corpus.
La Caseta de Motril representa además el vínculo histórico entre la capital granadina y la Costa Tropical. Su presencia en el recinto ferial se ha consolidado con el paso de los años hasta convertirse en un punto de encuentro habitual para motrileños residentes en Granada, visitantes de la costa y amantes del ambiente ferial.
En una época donde muchas formas de ocio han cambiado profundamente, las casetas continúan demostrando que siguen siendo espacios imprescindibles para la convivencia. Allí se reúnen varias generaciones, se fortalecen amistades y se mantiene viva una tradición que forma parte del patrimonio cultural de Granada.
Al caer la tarde, mientras las luces del recinto comenzaban a cobrar protagonismo y la música seguía marcando el ritmo de la jornada, la sensación era clara: el Corpus mantiene intacta su capacidad para reunir a miles de personas alrededor de aquello que mejor define una feria andaluza, la alegría compartida.
Y entre todas las casetas que dan vida al recinto, la de Motril volvió a demostrar hoy que sigue siendo uno de esos lugares donde el espíritu del Corpus se vive con especial intensidad.