
1 / 36
Reportaje Ramón Martín (Motril Digital)
Sierra Nevada convierte la altura en territorio de rock. D’Baldomeros, Los Coronas y Sex Museum abrieron este viernes la XVI edición de Sierra Nevada Por Todo lo Alto ante una Plaza de Andalucía tomada por familias y grupos de amigos, en una primera jornada marcada por el buen ambiente y esa particular manera de vivir la música que ha terminado convirtiéndose en una de las señas de identidad del festival.
La música volvió a subir este viernes hasta Pradollano y la Plaza de Andalucía terminó convertida en algo más parecido a una gran reunión al aire libre que a la imagen habitual de un festival. Familias, grupos de amigos, niños y mayores fueron ocupando la explanada, muchos de ellos sentados, compartiendo comida o bebida y siguiendo los conciertos con la tranquilidad de quien se instala para pasar la noche. Por momentos, aquello tenía más de enorme picnic de verano que de cita rockera a más de 2.000 metros de altitud.
Así arrancó la XVI edición de Sierra Nevada Por Todo lo Alto, que cumplió el programa previsto con las actuaciones de D’Baldomeros, Los Coronas y Sex Museum, tres propuestas distintas para una primera noche en la que el público volvió a demostrar que este festival se vive de una forma diferente.
No hubo necesidad de grandes artificios. El escenario concentraba la música, pero buena parte de la personalidad de la noche estaba unos metros más atrás: corrillos, conversaciones, niños moviéndose entre los asistentes, parejas sentadas y grupos enteros instalados sobre la explanada mientras las guitarras acompañaban el ambiente. La música estaba delante, pero el festival ocurría en toda la plaza.
Los primeros en subir al escenario fueron D’Baldomeros, encargados de abrir la jornada y de poner el acento granadino a la programación. Su actuación sirvió para ir calentando una plaza que ya comenzaba a mostrar desde las primeras horas el carácter familiar y relajado de esta cita.
Después llegó Los Coronas, una formación con una personalidad perfectamente reconocible dentro del rock instrumental español. Las guitarras tomaron el protagonismo con ese sonido ligado al surf y al imaginario fronterizo que ha acompañado durante años a la banda, encontrando además en el escenario abierto de Sierra Nevada un marco especialmente apropiado.
El cierre quedó reservado para Sex Museum, una de las bandas veteranas del rock madrileño y uno de los nombres con mayor trayectoria de esta edición. Su llegada al escenario puso el último tramo de intensidad a una noche que había ido creciendo concierto a concierto, manteniendo hasta el final la combinación entre música, público y ese ambiente despreocupado que define al festival.
Porque quizá la imagen más representativa de Sierra Nevada Por Todo lo Alto no estaba únicamente sobre las tablas. Estaba también en una explanada completamente ocupada, pero sin sensación de agobio; en quienes seguían el concierto de pie cerca del escenario y en quienes preferían hacerlo sentados a cierta distancia; en los niños que compartían espacio con aficionados de varias generaciones y en una noche de verano en la que el rock convivía con una forma casi doméstica de disfrutarlo.
Ese carácter familiar ha acompañado al festival durante buena parte de su trayectoria. Lejos del modelo de macrofestival, Por Todo lo Alto ha construido con los años una identidad propia alrededor de una fórmula sencilla: música gratuita, bandas con personalidad, montaña y un público que no necesita vivir cada concierto pegado a una valla.
La edición de 2025 reunió alrededor de 3.000 asistentes durante sus dos jornadas, confirmando el tirón de una convocatoria que se ha consolidado dentro de la programación estival de Sierra Nevada. Este año, en su decimosexta entrega, la primera noche volvió a dejar una Plaza de Andalucía tomada por el público y una sensación de continuidad en una cita que parece haber encontrado hace tiempo su propio lenguaje.
La programación continuará este sábado con Bala, Brighton 64 y Blanca Adelfa. La actuación de Brighton 64 tendrá además un componente especial al formar parte de la gira de despedida de la histórica formación barcelonesa.
Pero antes de que llegue la segunda noche, el viernes ya dejó una de esas imágenes que explican por sí solas el espíritu del festival: guitarras sonando entre las montañas y una plaza entera disfrutando de la música como quien se reúne con amigos para pasar una noche de verano. Solo que aquí el verano se vive a más de dos mil metros.