
1 / 7
Granada ha vuelto a mirarse en su propio espejo más irónico. Como cada año con la llegada del Corpus Christi, la Plaza de Bib-Rambla se convierte en un pequeño foro de crítica popular donde el ingenio y la sátira se dan la mano: las carocas ya cuelgan en el corazón de la ciudad.
La edición de 2026 mantiene intacta una tradición profundamente granadina que combina dibujo y verso breve en forma de quintilla. No son simples viñetas festivas: funcionan como un termómetro social del año, una especie de crónica alternativa que traduce la actualidad local en humor afilado y, a veces, incómodo.
Este año, las carocas seleccionadas por el Ayuntamiento repasan algunos de los asuntos que más han marcado el pulso de Granada en los últimos meses. Entre ellos destacan la Zona de Bajas Emisiones, las obras y reformas urbanas que han condicionado la movilidad en la ciudad, la situación del Granada CF o los debates en torno a grandes proyectos como la estación de tren o la futura Ciudad de la Justicia. La realidad cotidiana, con sus tensiones y polémicas, vuelve así convertida en verso breve y caricatura.
Pero si hay una pieza que ha concentrado especialmente la atención es la quintilla ganadora del concurso, que este año ha rendido homenaje al concejal Juan Ramón Ferreira, fallecido recientemente. El texto premiado introduce un tono más emotivo dentro del habitual registro satírico, recordando su vínculo con la cultura y la vida pública granadina, y demostrando que esta tradición también puede ser espacio para la memoria colectiva.
Las carocas, que en su forma moderna se consolidaron en el siglo XIX aunque hunden sus raíces en tradiciones mucho más antiguas del Corpus, siguen ocupando un lugar central en la fiesta. Hoy se exponen al aire libre en Bib-Rambla, donde miles de personas las visitan durante los días del Corpus, leyendo, comentando y riendo esa “malafollá” tan propia de Granada que convierte la crítica en parte del folclore.
Más allá del humor, las carocas funcionan como un retrato coral de la ciudad. Son, en esencia, una conversación pública convertida en arte efímero: un año entero de titulares, debates y anécdotas reducidos a unos pocos versos que, por unos días, toman el centro de Granada.
Cuando el Corpus termina y las estructuras se desmontan, lo que queda es precisamente eso: la sensación de que la ciudad ha hablado de sí misma en voz alta, entre risas, ironía y memoria.