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El terremoto de magnitud 7,7 registrado el pasado 9 de octubre en la península de Azuero, en Panamá, se ha convertido en una oportunidad científica excepcional para la Universidad de Granada (UGR). El Instituto Andaluz de Geofísica y Prevención de Desastres Sísmicos analizará en profundidad el seísmo y sus réplicas gracias a una red de 47 estaciones sísmicas que instaló en el país centroamericano en febrero de 2026, meses antes de que se produjera el temblor.
El dispositivo, desplegado en el marco del proyecto internacional PASIS, ha permitido registrar el terremoto, considerado el más potente ocurrido en tierra firme en Panamá desde que existen mediciones instrumentales. La red se extiende por el oeste del país e incluye varios equipos en la península de Azuero, una ubicación clave para estudiar cómo se produjo la ruptura y cómo evoluciona la actividad sísmica después del evento principal.
De las 47 estaciones instaladas por el equipo granadino, diez envían datos en tiempo real al instituto, mientras que las restantes almacenan la información para recuperarla durante futuras campañas de campo. Estos registros permitirán reconstruir con mayor precisión lo ocurrido bajo la superficie y estudiar las características geológicas de una región especialmente compleja desde el punto de vista tectónico.
La investigadora principal del proyecto, Flor de Lis Mancilla Pérez, destaca el valor de disponer de una infraestructura científica de estas características antes de que se produzca un terremoto de gran magnitud. Según explica, los datos ayudarán a identificar los mecanismos que provocaron el seísmo, seguir la evolución de las réplicas y profundizar en el conocimiento de la estructura interna de esta zona del planeta.
El trabajo continuará en febrero de 2027, cuando los investigadores regresen a Panamá para recuperar los registros almacenados y combinarlos con los datos de las redes sísmicas permanentes del país y de Costa Rica. La integración de toda esta información permitirá avanzar en el estudio de la interacción entre las placas tectónicas de Cocos y Nazca y la microplaca de Panamá, responsable de una dinámica geológica especialmente activa en la región.
El proyecto PASIS está liderado por la Universidad de Granada y financiado por la Agencia Estatal de Investigación, dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Su objetivo es obtener imágenes de alta resolución de la corteza terrestre y del manto superior, además de analizar la deformación sísmica y desarrollar modelos numéricos que ayuden a comprender la evolución tectónica de Panamá.
La iniciativa cuenta con la colaboración del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá y del Centro Alemán de Investigación en Geociencias (GFZ Potsdam), que ha suministrado buena parte de los equipos. También participan especialistas de instituciones internacionales como la Universidad de Memphis y el Instituto de Física del Globo de París.
De cara a febrero de 2027, el equipo prevé ampliar la infraestructura con otras 90 estaciones sísmicas de corto periodo. La intención es mantener operativa la red hasta 2028, reforzando la capacidad de investigación sobre los terremotos y la peligrosidad sísmica en una región marcada por el encuentro de varias placas tectónicas.
El seísmo del 9 de octubre permitirá así aprovechar una oportunidad poco habitual para la comunidad científica: contar con registros de una red instalada previamente y utilizar sus datos para estudiar, con un nivel de detalle mayor, cómo se originan y evolucionan los grandes terremotos.