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El río Guadalfeo comienza a regenerar las playas de Salobreña y Motril que se perdieron con la presa de Rules

Reportaje Motril Digital

Durante siglos, el río Guadalfeo ha sido mucho más que un cauce de agua. Sus avenidas, cargadas de sedimentos, han ido modelando pacientemente el litoral granadino, construyendo playas y dando forma al delta que hoy conocemos. Arena, gravas y limos viajaban desde las cumbres de Sierra Nevada hasta el mar, compensando de manera natural la erosión constante del oleaje.

Ese equilibrio empezó a romperse con la construcción de la Presa de Rules. Cuando se proyectó esta gran infraestructura hidráulica, ya se sabía que el embalse retendría la mayor parte de los sedimentos del río, reduciendo drásticamente el aporte de áridos a la costa. De hecho, los informes del entonces Ministerio responsable del proyecto —hoy el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico— advertían de una consecuencia inevitable: con el paso de los años, las playas del entorno sufrirían una regresión progresiva.

La previsión no se quedó solo en el diagnóstico. Como solución futura, el proyecto contemplaba medidas correctoras, como el aporte artificial de arenas y la construcción de defensas fijas —espigones o escolleras— cuando el retroceso del litoral alcanzara niveles preocupantes. Hoy, el tiempo ha dado la razón a aquellas advertencias. Las playas más cercanas a la desembocadura del Guadalfeo, especialmente en Salobreña y Motril, han sido las principales víctimas de este proceso.

Hasta ahora, la respuesta para frenar la pérdida de arena ha consistido casi exclusivamente en aportes periódicos de áridos. Una solución costosa y efímera que, sin elementos estructurales que retengan los sedimentos, ha demostrado ser insuficiente para detener el deterioro de las playas.

Sin embargo, en las últimas semanas se ha producido un hecho llamativo. El desembalse continuado de la Presa de Rules y de la Presa de Béznar ha devuelto al Guadalfeo un caudal constante a lo largo de su cauce. El río ha vuelto a estar presente desde el interior hasta su desembocadura, recuperando, al menos parcialmente, su papel como transportador natural de sedimentos.

Los primeros efectos ya empiezan a apreciarse en la costa. Las playas más próximas a la desembocadura comienzan a mostrar signos de recuperación y a adquirir un perfil más parecido al que tenían antes de la construcción de la presa de Rules. Un recordatorio visible de que, en la dinámica del litoral, el río sigue siendo un actor clave y de que la naturaleza, cuando se le devuelve parte de su espacio, tiende a reclamar su equilibrio.