El verano entra en el calendario como marca el cielo, puntual y preciso, a las 9:24 de la mañana de este domingo, según los cálculos del Observatorio Astronómico Nacional. Pero en la calle, en la carretera y en la piel de quienes lo han vivido fuera de la sombra, la estación llevaba ya horas anunciándose con un lenguaje más contundente: el del calor extremo.
La llegada del solsticio ha coincidido con un episodio de altas temperaturas que ha dejado al interior de las provincias de Granada y Jaén por encima de los 40 grados, mientras la Costa Tropical se ha convertido, como tantas veces, en el refugio térmico más cercano. Entre los 32 y los 34 grados, la franja litoral ha funcionado como un alivio relativo frente a una ola de calor que empuja cada año a miles de personas hacia el mar.
Ese movimiento se ha hecho visible desde primera hora en la autovía que conecta Granada con la costa, completamente saturada de vehículos en lo que muchos han descrito como un auténtico éxodo estival hacia el litoral. Familias, excursionistas y visitantes han buscado en la cercanía del mar una tregua frente a un calor que, tierra adentro, se vuelve abrasador.
En la Costa Tropical, el verano no solo se mide en fechas astronómicas, sino en la densidad del aire, en la sombra buscada y en el ritmo más lento de los mediodías. Y es precisamente en esas horas centrales cuando las recomendaciones se vuelven más necesarias que nunca: evitar la exposición prolongada al sol, no realizar actividad física intensa y mantener una hidratación constante son las claves básicas para reducir el riesgo de golpes de calor en jornadas como esta.