
Foto del CF Motril
Motril Digital.- El fútbol quiso regalarle al Motril un final de liga cargado de simbolismo, de emoción y de incertidumbre. En la mañana de hoy, en un estadio Escribano Castilla que todavía digería la inesperada salida de Chus Hevia del banquillo blanquiazul, el conjunto motrileño cerró la fase regular con una trabajada victoria por 2-1 frente al Atlético Porcuna, en un encuentro marcado por la tensión, la reacción del equipo y la figura decisiva de Boris.
No era un partido cualquiera. Era el primero tras la sorprendente decisión del club de prescindir de los servicios de Hevia por motivos que aún no han trascendido y también el inicio de una nueva etapa con Mario Cabrera Moreno al frente del vestuario. Y en medio de ese ambiente extraño, entre rumores, dudas y miradas al playoff, el Motril encontró la manera de levantarse.
El Atlético Porcuna golpeó primero. Corría el minuto 17 cuando el central Luis Enrique aprovechó una acción a balón parado para adelantar al conjunto jienense y silenciar por momentos a la grada motrileña. El equipo visitante se mostró ordenado, incómodo y supo jugar con la ansiedad local durante muchos minutos del primer tiempo.
Pero este Motril, incluso en días convulsos, tiene orgullo. Y apareció Boris. El lateral izquierdo se convirtió en el inesperado protagonista de la mañana al firmar el empate en el minuto 42, justo antes del descanso, culminando una llegada que devolvía la calma y encendía de nuevo al Escribano Castilla.
Con el 1-1 se llegó al intermedio y el segundo tiempo mantuvo el tono competitivo. El Motril buscó con insistencia el gol de la victoria, mientras el Porcuna trataba de resistir y salir a la contra. Juan Fraile llegó incluso a celebrar el segundo tanto jienense, pero el colegiado lo anuló por fuera de juego en una acción muy protestada.
Cuando el empate parecía definitivo y el partido caminaba hacia el reparto de puntos, volvió a emerger Boris. Minuto 89. Aparición providencial del lateral, que encontró el premio al empuje local y desató la locura en la grada con el 2-1 definitivo. Un gol que vale una victoria y también una dosis de confianza antes del momento decisivo de la temporada.
El pitido final cerró mucho más que un partido. Cerró una liga regular intensa y abrió oficialmente el tiempo del playoff para un Motril que afronta ahora el reto del ascenso en medio de una inesperada transición en el banquillo. Desde hoy, Mario Cabrera Moreno tendrá la responsabilidad de dirigir el sueño blanquiazul.
Y mientras el club busca estabilidad lejos del ruido, el equipo dejó claro sobre el césped que todavía tiene hambre. Mucha hambre.