El éxodo de agosto comienza a vaciar las noches de la Costa Tropical
Foto Motril@Digital
Motril@Digital.– No es la imagen de un día de otoño, aunque bien podría confundirse con la calma melancólica que anuncia esa estación. Es la fotografía de esta noche de jueves 28 de agosto, cuando el reloj marcaba las diez. La temperatura se mantenía suave, coqueteando con los 21 grados centígrados, y un viento de poniente, cómplice discreto, regalaba a la piel la sensación amable de una velada primaveral en plena costa tropical.
El paseo marítimo de Salobreña, que hace apenas unos días era un hervidero de voces, pasos apresurados y olor a sal mezclado con fritura marinera, ahora se muestra casi desierto, como si el verano hubiera decidido bajar el telón de manera repentina. Allí donde hace poco era imposible encontrar aparcamiento, reina hoy un silencio interrumpido solo por el romper constante de las olas. La instantánea captura esa soledad inesperada: bancos vacíos, terrazas con sillas recogidas y farolas que parecen iluminar más de lo necesario.
El éxodo ya ha comenzado. Las urbanizaciones, que en julio y agosto latían como pequeños mundos efervescentes, empiezan a despoblarse lentamente. Los turistas de segunda residencia emprenden el regreso a sus lugares habituales, dejando tras de sí persianas entornadas y jardines que aguardan pacientes al próximo verano. Es un ciclo previsible, casi ritual, pero no por ello menos conmovedor: la playa se queda sola, los vecinos recuperan la calma cotidiana y la costa respira de nuevo con un pulso más sereno.
Hay en este tránsito una belleza particular, como si el pueblo entero suspirara tras el bullicio estival. La vida continúa, pero lo hace en otro tono, en una cadencia distinta. Salobreña vuelve a pertenecer a sus habitantes, al rumor de las olas y al viento de poniente que, testarudo, sigue trayendo consigo la promesa de que, tarde o temprano, el verano regresará.