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Motril: Seis cuerpos sin vida hallados en diez días sacuden la costa de Gualchos-Castell de Ferro

El mar, cuando calla, también cuenta historias. Las deja a medias, enredadas entre la espuma, como si no quisiera asumirlas del todo. Esta semana, en la costa de Gualchos-Castell de Ferro, volvió a hacerlo.

A plena luz del mediodía, mientras el sol caía sin estridencias sobre la orilla, un vecino que caminaba sin prisa encontró lo que nadie espera hallar: un cuerpo  detenido en la arena, irreconocible en su desgaste, como si el tiempo hubiera pasado sobre él con demasiada prisa. No era el primero. Tampoco el segundo. Era, simplemente, el último de una cadena que inquieta.

En apenas diez días, el litoral granadino ha ido devolviendo seis cuerpos sin vida. Seis presencias sin nombre, sin relato completo, sin una voz que las reclame. Todos comparten el mismo silencio espeso, el mismo deterioro que borra rasgos y deja apenas preguntas. Las autoridades han activado cada vez el mismo mecanismo —frío, necesario— mientras la investigación intenta reconstruir lo que el agua ha deshecho.

Días atrás, al caer la noche, otro aviso alertó de una figura flotando en el mar. Antes aún, en la playa de Cambriles, la madrugada había traído tres cadáveres de golpe, como si el mar hubiera decidido hablar de forma abrupta. Se mencionó entonces la posibilidad de una patera, de una travesía truncada antes de llegar a su promesa.

Pero el mar no confirma nada. Solo entrega.

Cada hallazgo repite el mismo ritual: acordonar, observar, esperar a que la autopsia diga lo que pueda decir, intentar poner nombre a lo que ya no tiene rostro. Y mientras tanto, la orilla sigue recibiendo pasos de vecinos, de paseantes, de miradas que ahora buscan algo más que el horizonte.

Porque en estos días, en esa franja de costa, el paisaje ha cambiado sin cambiar realmente. El agua sigue rompiendo igual, el viento sigue recorriendo las piedras, pero hay una sensación nueva, difícil de nombrar: la de que el mar está devolviendo algo que nunca debió tragarse.