
Circular a casi 200 kilómetros por hora por una autovía limitada a 100 no es solo una imprudencia: es una temeridad con consecuencias penales. Eso es lo que ocurrió en Motril, donde la Guardia Civil ha puesto a disposición judicial a un conductor tras ser sorprendido circulando a 190 km/h por la A-7.
Los hechos tuvieron lugar a mediados del mes de mayo, durante uno de los controles rutinarios de velocidad que los agentes de Tráfico desplegaban en el entorno del municipio motrileño. Fue allí donde el radar detectó al turismo avanzando a una velocidad que prácticamente duplicaba el máximo permitido en ese tramo de la vía.
La infracción no se queda en una simple sanción administrativa. Superar el límite establecido puede constituir un delito contra la seguridad vial, motivo por el que el conductor deberá responder ahora ante la justicia. La legislación contempla para este tipo de conductas penas que van desde multas económicas hasta prisión, además de la retirada del permiso de conducir durante varios años.
Las diligencias ya han sido remitidas al juzgado correspondiente de Motril, mientras desde la Guardia Civil insisten en un mensaje que se repite cada vez que se producen episodios de este tipo: la velocidad excesiva sigue siendo uno de los factores que más agravan las consecuencias de los accidentes en carretera.
Más allá de la cifra registrada por el radar, el caso vuelve a poner sobre la mesa un problema recurrente en las carreteras: la falsa sensación de control que genera la velocidad y el riesgo real que supone para el resto de usuarios.