
La infancia y la adolescencia andaluzas crecen cada vez más ligadas a las pantallas. Las redes sociales, los videojuegos y las aplicaciones de mensajería forman parte de su vida cotidiana desde edades muy tempranas, pero esta conexión permanente también está dejando importantes señales de alerta sobre su bienestar emocional, su descanso y su seguridad en internet.
Así lo refleja el informe Infancia, Adolescencia y Bienestar Digital, elaborado a partir de las respuestas de 5.153 escolares de entre 10 y 20 años de 45 centros educativos andaluces. El estudio sitúa en los 10,52 años la edad media a la que los menores reciben su primer teléfono móvil. A los 12 años, el 89% ya dispone de un dispositivo propio.
La presencia en redes sociales también comienza mucho antes de llegar a la adolescencia. El 94,5% de los encuestados participa en al menos una plataforma y el 77,8% utiliza tres o más. Incluso entre los alumnos de los últimos cursos de Primaria, el 84,4% ya tiene presencia en alguna red social. WhatsApp, YouTube, TikTok e Instagram encabezan las preferencias.
El tiempo de exposición constituye otro motivo de preocupación. Un 10,1% pasa más de cinco horas diarias en redes sociales durante los días lectivos, porcentaje que asciende al 23,4% durante los fines de semana. Además, el 43% duerme habitualmente con el móvil en su habitación y, entre estos menores, más de la mitad lo utiliza durante la madrugada.
El informe advierte de las consecuencias que puede tener un uso inadecuado de la tecnología. El 6,6% de los adolescentes andaluces presenta indicadores de posible uso problemático de las redes sociales, por encima de la media nacional (5,7%). También se detecta un posible trastorno por videojuegos en el 1,6% y un 2,4% muestra un comportamiento problemático relacionado con las apuestas y el juego online.
La relación entre el uso excesivo de las redes y la salud mental resulta especialmente preocupante. Entre quienes presentan un posible uso problemático, el 34,5% refiere síntomas de ansiedad y el 37% de depresión. Entre los adolescentes que no muestran este patrón, los porcentajes bajan al 13,1% y al 11,3%, respectivamente.
A estos datos se suman otras formas de violencia digital. Casi uno de cada diez menores asegura haber sufrido ciberacoso y el 32,6% de quienes tienen o han tenido pareja reconoce haber experimentado episodios frecuentes de violencia digital por parte de ella.
El acceso a la pornografía también se produce a edades tempranas, de media antes de los 12 años. Uno de cada diez adolescentes consume estos contenidos habitualmente y el 21,4% de quienes lo hacen presenta señales de consumo problemático.
El estudio identifica, además, diferencias importantes entre chicos y chicas. Ellas presentan más indicadores de uso problemático de redes sociales (8,7% frente al 4,5%) y reciben más presiones para enviar fotografías o vídeos de contenido sexual. Entre los chicos, en cambio, son más frecuentes los problemas relacionados con el consumo de pornografía y los videojuegos.
La investigación también pone el foco en el papel de los padres. Aunque el 52,1% de las familias habla con sus hijos sobre los peligros de internet, solo el 43,8% establece límites horarios para el uso del móvil, las redes sociales y otras aplicaciones.
Los resultados apuntan a que pequeños cambios en las rutinas familiares pueden tener un impacto significativo. Evitar que los menores duerman con el teléfono en la habitación o limitar su utilización durante las comidas puede reducir a la mitad los indicadores de uso problemático y determinadas conductas de riesgo en internet.
El presidente de UNICEF Comité Andalucía, José Sánchez, ha advertido de que los menores viven en una generación hiperconectada que necesita acompañamiento y protección. A su juicio, los resultados permiten identificar dónde se concentran los riesgos y actuar para garantizar espacios digitales más seguros.
En la misma línea, las entidades participantes reclaman reforzar la educación digital en las familias y los centros educativos, incorporar la violencia online a los protocolos de protección y abordar el uso problemático de la tecnología desde la salud pública. También piden una mayor responsabilidad de las empresas tecnológicas sobre el impacto de sus plataformas en la infancia.
El informe, elaborado con la colaboración de Red.es, UNICEF España, la Universidad de Santiago de Compostela y el Consejo General de Ingeniería Informática, con la participación de la Junta de Andalucía, se basa en datos recogidos entre noviembre de 2024 y junio de 2025. Sus conclusiones dibujan una realidad en la que el acceso a la tecnología comienza cada vez antes y en la que la protección de los menores ya no puede limitarse a controlar las horas de pantalla.