LO DE SIEMPRE por Miguel Ávila Cabezas
Di qué miedo inmoló tus palabras de barro.
No el relámpago cruel, no la hecatombe.
El terror fue el silencio.
(Miguel Fernández)
Dispuesta en sentido transversal, una mesa de descomunales dimensiones ocupa la escena. Bajo una luz tan fría como expresionista, y transcurridos unos incontables segundos (diez o, como máximo, veinte), a cada esquina irán a sentarse los respectivos negociadores (N1. y N2.) de las dos naciones en guerra. De nuevo, el silencio se puede cortar con un cuchillo de limpiar la japuta.
N1.: Qué.
N2.: Qué de qué.
N1.: ¿Qué va a ser? Eso.
N2.: ¿Eso?
N1.: Sí, eso.
N2.: Que yo sepa, de eso nada.
N1.: (Entrando en calor.) ¿Cómo que nada?
N2.: Lo que te digo: nada de nada.
N1.: ¿Y entonces a qué hemos venido aquí?
N2.: A lo de siempre: a negociar.
N1.: ¿A esto lo llamas negociar?
N2.: ¿Y cómo quieres que lo llame? ¿Llegar a un acuerdo, acaso? Si piensas que podemos llegar a un acuerdo con la propuesta que me acabas de hacer, vais por mal camino.
N1.: Ya empezamos. ¿De qué propuesta hablas? ¿Acaso te he hecho yo alguna propuesta?
N2.: Antes de abrir la boca, ya me la estabas haciendo.
N1.: Pero si yo no he dicho nada.
N2.: Precisamente por eso, porque por no decir nada lo has dicho todo.
N1.: Me estás vacilando, como la vez anterior.
N2.: Si lo quieres considerar de esa forma, para ti el duro y las cinco pesetas. En cualquier caso, todo es cuestión de perspectiva.
N1.: Hay mucha altanería en lo que NO (así, en negrita y mayúscula, por razones más que evidentes) dices y aún más arrogancia en lo que insinúas. No pensarás que vais ganando…
N2.: Tú mismo.
N1.: ¿Cómo que yo mismo? Más bien será vosotros mismos, ¿no?
N2.: Nosotros lo tenemos todo muy claro. Quienes no lo tienen nada claro sois vosotros. Y os queda menos que esto (hace el típico ademán de aproximar el dedo índice al pulgar sin llegar ambos a tocarse) para que se os acabe la tontería.
N1.: ¿Tontos nosotros? Para tontos, tontos de verdad, vosotros: el paradigma de los tontos. ¿Cuántos misiles os quedan?
N2.: ¿Y a vosotros qué os importa cuántos misiles nos pueden quedar?
N1.: Tanto como a vosotros los nuestros. Daos cuenta que, sin misiles, no hay guerra que se precie de tal. ¿A quiénes íbamos a matar, si no? Los misiles tienen un sentido. Lo llevan en su propia condición de misiles, para ser más precisos, en sus ojivas. En ellas radica su razón de ser y, por tanto, su gran potencial regulatorio. No sé si mi explico adecuadamente.
N2.: Mucha filosofía le echas tú al asunto. Un misil es un misil, sea con carga convencional, química, biológica o, ya puestos, nuclear. Lo demás es literatura añadida a lo que no tiene otra finalidad que destruir y matar, y cuanto más destruya y mate, mejor.
N1: Ya…
N2.: Pues sí, ya. ¿Qué pretendéis?
N1.: No estarás insinuando que estáis dispuestos…
N2.: Si se terciare, ¿por qué no?
N1.: (Para sí.) “Si se terciare”. Nos ha salido consecutivo el listo este. (A N2.) Bueno, vamos a lo que vamos que, como sigamos a este ritmo, aquí nos pueden dar las uvas. Esto no es plan.
N2.: Sí, las uvas, la Pascua de Pentecostés o el mismísimo Yon Kipur nos pueden llegar a dar. Sea lo que sea, nosotros no nos vamos a bajar del burro así porque sí.
N1.: Pues, ante vuestra propuesta, nosotros menos.
N2.: ¿Qué propuesta?
N1.: La que acabas de hacer.
N2.: Yo no he hecho todavía ninguna propuesta.
N1.: Es lo mismo. Aquí hemos venido a lo que hemos venido.
N2.: ¿A qué?
N1.: A qué va a ser: a nada.
N2.: Pues si hemos venido a nada, yo me levanto y me voy.
N1.: Es lo único sensato que has dicho en todo el tiempo que llevamos reunidos.
N2.: ¿Reunidos?
N1.: Es un decir.
N2.: ¡Ah!
N1.: Eso mismo digo yo: ¡Ah!
N2.: Entonces qué, ¿nos levantamos y nos vamos?
N1.: Vale. A la de tres.
N2.: De acuerdo. A la de tres.
N1. y N2.: A la de una… a la de dos… y a la de… ¡tres! (Ambos intentan levantarse de su asiento, pero no lo consiguen porque una mano invisible se lo impide.)
N1.: ¡Vaya! Parece que estamos condenados a entendernos.
N2.: Sí, eso parece.
N1.: Pero que conste una cosa: que vosotros atacasteis primero.
N2.: De eso ni hablar. Fuisteis vosotros los que atacasteis primero.

