
Un equipo de investigación de la Universidad de Jaén ha comprobado en en células humanas in vitro y modelos de ratón que un gen no codificante bautizado por este grupo de investigación con el nombre de Walras aparece más activo en machos con patologías del corazón que en hembras. El hallazgo abre una nueva línea para diseñar futuras terapias frente a ciertas cardiopatías.
Las enfermedades cardiovasculares no siempre afectan igual a ambos sexos. Los hombres presentan una mayor prevalencia y, en muchos casos, una evolución más grave. En la actualidad, esa diferencia se ha relacionado con el papel protector de las hormonas femeninas, como los estrógenos, pero los expertos indican que aún no se conoce con exactitud qué mecanismos biológicos concretos se activan dentro de los cardiomiocitos, las principales células del corazón.
La principal novedad del trabajo es que los expertos del grupo ‘Cardiovascular Research’ han identificado un mecanismo que podría explicar por qué los hombres padecen más enfermedades cardiovasculares y con peor evolución. Se trata de Walras, un gen que produce una molécula de ARN relacionada con el estrés y la muerte celular del corazón.
Los expertos explican que este órgano tiene una capacidad muy limitada para repararse cuando sufre un daño grave, especialmente, en el caso de los hombres. Tras un infarto o en determinadas enfermedades cardíacas, parte de sus células puede deteriorarse o morir y, con el tiempo, el órgano pierde fuerza. “No hay una forma sencilla de arreglar el corazón cuando el daño ya se ha producido. En muchos casos, la mejor forma de proteger al paciente es evitar que llegue a ese punto”, señala a la Fundación Descubre el investigador de la Universidad de Jaén, Carlos García Padilla.
En este contexto, el equipo analizó si las diferencias entre machos y hembras podían esconder alguna clave para proteger las células cardíacas. Los resultados apuntan a Walras, un gen que en los modelos masculinos aparece más activo y se asocia con una peor respuesta al estrés. En cambio, en las hembras con cardiomiopatía, patologías del músculo cardíaco, sus niveles son más bajos, lo que podría favorecer que las células resistan mejor el daño en situaciones patológicas.
Tal y como explican en el estudio ‘Walras modulates sex-dependent endoplasmic reticulum stress in cardiomyopathy’ publicado en Frontiers in Physiology, cuando una célula del corazón está sometida a estrés puede activar dos respuestas: sobrevivir o iniciar un proceso de muerte celular. En los modelos analizados, el aumento de las moléculas producidas por Walras inclinó esa balanza hacia la muerte celular en el caso de los machos.
Para realizar el estudio, el equipo analizó corazones de ratones con distintos tipos de cardiomiopatía y compararon muestras de machos y hembras para estudiar qué moléculas aparecían más o menos activas en cada caso.
Entre las diferencias más claras apareció el gen Walras. En los machos con enfermedad cardíaca, las moléculas que liberaba estaban más activas mientras que, en las hembras, aparecían con menor frecuencia. Además, los investigadores comprobaron que el estradiol, una hormona femenina, disminuye su actividad, mientras que la testosterona la aumenta.
Después, el equipo elevó artificialmente los niveles de Walras en células cardíacas de machos y hembras. De este modo, observaron más estrés celular, peor funcionamiento energético y más tendencia a la muerte celular en el caso de los primeros.
También estudiaron una molécula equivalente en células cardíacas humanas. Esta molécula, llamada AP002340.1, activó procesos parecidos, lo que sugiere que el mecanismo observado en ratones podría tener una correspondencia en humanos. Aun así, los autores subrayan que todavía no se ha probado en pacientes.