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Guadix: Desalojados 28 residentes por un incendio en una residencia de personas con discapacidad intelectual sin heridos graves

La noche había caído sobre Guadix con esa calma engañosa que suele preceder a los sobresaltos. En la residencia, los pasillos respiraban rutina: luces tenues, puertas entreabiertas y el murmullo lejano de televisores encendidos. Pero a las 22:50, algo quebró la normalidad. Primero fue el olor, después el humo, y finalmente las llamadas desesperadas que llegaron al Servicio 1-1-2 Andalucía.

La respuesta no tardó. Sirenas abriéndose paso en la noche, luces azules reflejadas en las fachadas, pasos firmes subiendo escaleras. El fuego había nacido en una habitación, pero ya había encontrado alimento en el aire de la primera planta. Los bomberos, llegados desde Guadix y reforzados por compañeros de Iznalloz, avanzaron entre humo y calor hasta acorralar las llamas en un salón. Mientras tanto, arriba, el humo se deslizaba como una amenaza silenciosa, obligando a ventilar cada rincón.

Afuera, la escena era otra: mantas sobre los hombros, miradas inquietas y el conteo constante de los 28 residentes evacuados. Los sanitarios del Centro de Emergencias Sanitarias 061 revisaban uno a uno, con la calma que solo da la experiencia. Cinco de ellos necesitaron atención allí mismo, pero ninguno tuvo que abandonar el lugar. La vida, pese al susto, seguía en pie, reorganizándose en otras habitaciones del mismo edificio que minutos antes parecía haber perdido la tranquilidad.

Mientras Guadix recuperaba el pulso, otro aviso encendía la tarde en Santa Cruz de Marchena. Allí, junto al río Nacimiento, una vivienda de una sola planta ardía con menos testigos pero con igual urgencia. El fuego dejó dos cuerpos marcados: un hombre con quemaduras, una mujer herida por el humo. Ambos fueron trasladados al centro de salud de Alhama de Almería, donde la noche continuó, esta vez bajo luces blancas y silencios más densos.

Así, en cuestión de horas, dos incendios trazaron una línea invisible entre localidades andaluzas. No hubo tragedia mayor, pero sí historias que quedaron suspendidas en el aire, como el humo que, poco a poco, terminó por disiparse.