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EL VIAJE por Miguel Ávila Cabezas

El centro de la escena lo ocupa un coche de marca indefinida. En su interior viajan cuatro personas a las que denominaremos A y B (conductor y copiloto, respectivamente) y C y D (en la parte trasera).

C: (A A.) ¿Falta mucho para llegar?

A: Pues… no sabría decirte. Parece que el cuentakilómetros está averiado porque lleva sin marcar nada desde que salimos.

D: ¿Y lo dices ahora? (Mira su reloj, marca Casio por supuesto.) Son las siete de la mañana y hace una eternidad que salimos del punto de encuentro.

B: ¿Cómo puedes decir eso, si precisamente fue a las siete de la mañana cuando… partimos en este viaje sin rumbo?

A: (Manifiestamente mosqueado.) ¿Sin rumbo dices? ¿Sin rumbo? ¿No habíamos quedado desde el primer momento en que nos dirigiríamos hacia el Sur… para ver el mar? Entonces, hacia el Sur vamos, ¿no?

C: Lo de que vamos hacia el Sur es mucho decir. Durante todo este tiempo, yo no he visto en esta carretera ninguna señal que nos indique por dónde se va hacia el Sur.

D: ¿De qué carretera hablas? (Mirando al frente y a derecha e izquierda.) ¿Esto es una carretera?

C: ¿Y qué es sino una carretera?

A: (Ya cabreado del todo.) ¡El Sur, el tiempo, la eternidad, la carretera y sus engañosas señales! ¿Qué importa todo eso? ¡Relajaos, coño! ¿No estamos a gusto aquí dentro? Pues si estamos a gusto, eso es más que suficiente. Ya llegaremos.

C: ¿Y si no llegamos?

D: ¿En qué te basas para afirmar que cabe la posibilidad de que no lleguemos?

C: Yo no afirmo nada. Yo planteo una duda muy razonable: puede ser que no lleguemos.

D: Por esa regla de tres también puede ser que no hayamos partido. Y que esto (vuelve a mirar a un lado y a otro) no sea una carretera sino… otra cosa.

A: ¿Qué insinúas con eso de “otra cosa”?

D: No sé si se trata de insinuar o bien de ratificar, pero lo que ahora me resulta incuestionable es que llevamos aquí dentro el tiempo suficiente para que nos hayamos dado cuenta, de una vez por todas, de que no nos hemos movido ni un centímetro.

B: Pues ahora que lo dices, es verdad. Yo no me he percatado de que se haya producido ningún movimiento dentro y fuera de este coche.

A: (Intentando zanjar las dudas que asaltan al resto de viajeros, pretende ponerse estupendo y canta como para sí.): ? Dicen que la distancia es el olvido / pero yo no concibo esa razón / porque yo seguiré siendo el cautivo / de los caprichos de tu corazón. / ? Supiste esclarecer mis pensamientos…

B: (Cortándolo en seco.)¿Por qué no te callas? ¿Te estás burlando de nosotros?

A: No, no me estoy burlando de vosotros. (Mira muy fijamente a B.) ¿Todavía no te has dado cuenta? (Y vuelve la cabeza para mirar, también muy fijamente a los de atrás.) Y vosotros ¿tampoco os habéis dado cuenta?

TODOS: (Al unísono, menos A): ¿Cuenta de qué?

A: Cuenta de que nunca llegaremos al Sur ni de que prácticamente tampoco hemos partido en ningún momento de ningún sitio. Esto en donde estamos no es ningún coche. Es… un no-lugar. Y nosotros no estamos aquí dentro, sino fuera, es decir, en el vacío, sin tiempo ni distancia.

B: (Categórico.) El tiempo no existe.

A: Eso, el tiempo no existe. Y nosotros carecemos de la cualidad de ser, de existir.

C: ¿Qué pretendes decir? Habla claro.

A: Pretendo decir que nada más salir del punto de encuentro, en el primer cruce, tonto de mí, me salté un stop y fuimos arrollados por un camión que no pudo frenar a tiempo.

D: ¿Y?

A: Y nada. Que, simple y llanamente, estamos muertos. Así de claro: muertos desde la cabeza hasta los pies.

TODOS: (Al unísono, menos A). ¡Pues vaya!

A: Eso digo yo: Pues vaya.