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EL TESORO por Miguel Ávila Cabezas

No hay mayor tesoro que el que no se encuentra.

En una escena que ha de simular un lugar abrupto, por no decir escabroso, se encuentran los tres aventureros (AV1, AV2 y AV3) que, como no podría ser de otra forma, están enfrascados en la búsqueda del tesoro.

AV1.: (Sin duda el que parece ser más avezado de los tres, exhibe entre sus manos el supuesto mapa del tesoro.) Tiene que ser aquí (señala un punto concreto de la escena). Lo pone bien claro en el mapa.

AV2.: ¿Estás seguro?

AV1.: Si no lo estuviera, no hubiera abierto la boca para nada.

AV3.: Eso lo has dicho ya las siete veces restantes en que creías haber dado con el lugar “exacto”, y lo digo entre comillas, de donde, según tú, estaba enterrado el tesoro.

AV1.: Exageras. Sabrás contar, me imagino. No fueron tantas las veces. Además, en este territorio es fácil equivocarse porque, si miramos hacia un lado o hacia otro, todo es igual a sí mismo: el mismo árbol, la misma roca, el mismo río inmóvil de papel de aluminio, la misma cabaña abandonada… Todo, todo sin excepción. ¿No os habéis dado cuenta de eso?

AV3.: (Mira a su vez hacia un lado y otro de la escena, y también hacia el espacio, inviolable, que ocupa el público.) Pues ahora que lo dices, sí. Tienes razón. Es como si en cada uno de los lados (o en todos a la vez) hubiera un espejo invisible que reflejase exactamente lo que se halla enfrente: la roca, el río detenido, el árbol solitario, la cabaña deshabitada. Todo.

AV2.: ¿Y entonces? ¿Qué hemos estado haciendo entonces desde que partimos a la búsqueda del tesoro?

AV1.: Buscarlo. No nos tiene que caber la menor duda de que lo hemos estado buscando. Y afanosamente.

AV3.: ¿No será… que lo que hemos hecho ha sido dar vueltas y más vueltas alrededor de un mismo punto?

AV2.: ¡De un ónfalos!

AV3.: O de un Aleph. ¡Estamos atrapados dentro de un Aleph! ¡Alguien nos está observando desde algún punto del universo!

AV1.: ¿Borges?

AV3.: Pues, ahora que lo dices, es probable. Aunque, tengo para mí, que son más de uno, y de mil, los que en este momento nos están observando.

AV2.: Eso significa…

AV3.: Eso significa, simple y llanamente, que si encontramos el tesoro vendrán todos a por él y querrán repartírselo.

AV1.: ¿Equitativamente?

AV2 y AV3 ríen a carcajada viva.

AV1.: ¿De qué os reís? ¿He dicho algo gracioso?

AV2 y AV3: (Al unísono y sin dejar de reírse.) ¡Sí!

AV1.: ¿Sí? ¿Y que ha sido eso que he dicho que tanto os hace reír?

AV2.: Has pronunciado la palabra mágica: “equitativamente”.

AV1.: ¡Ah! No había caído en la cuenta. Entonces… tocaríamos a…

AV3.: A nada.

AV2: Llegados a este punto, considero que tendríamos que tomar una decisión.

AV3.: Por supuesto.

AV1.: ¡Un momento! ¡Un momento! Estamos dando por hecho algo que aún no se ha demostrado ni creo que podamos llegar nunca a demostrar.

AV2.: Esto se está convirtiendo en el juego de las adivinanzas. Yo sé de uno que tiene que estar hasta la coronilla de este cancaneo dialéctico. ¿Qué es lo que estamos dando por hecho?

AV1.: Qué va a ser: que estamos atrapados en un Aleph y nos está viendo todo el mundo.

AV3: Yo no diría tanto. En todo caso, alguien sí nos está viendo en este preciso instante y sabe perfectamente qué vamos a hacer en los próximos quinientos años.

AV2.: Exageras.

AV1.: Es un decir, pero ese alguien lo siento muy cerca como si me estuviera echando su rancio aliento en la nunca.

AV3.: ¿Quién? ¿Borges?

AV1.: No, Borges no. El otro.

AV2.: ¿Ese? A ese ni caso. Ese no tiene otra cosa que hacer que mirar por la ventana de su estudio y dedicarse las pocas tardes que le quedan de vida a idear absurdas situaciones y personajes ridículos.

AV3.: Entonces, según lo que acabas de decir, nosotros estamos en el mismo saco.

AV2.: ¿En qué saco? Nosotros vamos por libre.

AV3.: ¿Pero no estamos atrapados dentro de un Aleph? Ese, por tanto, nos estará viendo y sabrá en todo momento lo que hacemos.

AV2.: Aunque así fuera, nosotros a lo nuestro. Ese no se va a quedar ni con un átomo de lo que en justicia nos corresponde.

AV1 y AV3: (Al unísono.): ¡Eso!

AV2.: Eso. Así que sigamos buscando.

AV1 y AV3: (Al unísono.): Eso. Sigamos buscando.

AV1.: Pero… ¿por dónde?

AV3.: Yo creo que deberíamos empezar desde el principio.

AV2.: No es mala idea. (A AV1.) A ver, pásame el mapa. (Lo examina con gran detenimiento y concentración.) Sí, aquí no es. Volvamos al principio.

Vanse. Transcurrido el impreciso tiempo de marras, los tres aventureros vuelven al principio, que no es otro que el lugar al que ya han llegado.

AV2.: (Sin duda el que parece ser más avezado de los tres, exhibe entre sus manos el supuesto mapa del tesoro.) Tiene que ser aquí (señala un punto concreto de la escena). Lo pone bien claro en el mapa.