
1 / 2
La Calahorra (Granada), julio de 2025 – Durante siglos, el Castillo de La Calahorra ha sido mucho más que una fortaleza de piedra encaramada en lo alto del pueblo. Ha sido testigo mudo de generaciones, de sueños truncados y promesas sin cumplir. Hoy, por fin, ese castillo deja de estar cerrado para convertirse en lo que siempre debió ser: parte viva del corazón de La Calahorra.
El presidente de la Diputación de Granada, Francis Rodríguez, y el alcalde del municipio, Alejandro Ramírez, firmaron esta semana el acuerdo que cambia la historia del pueblo. Por 6,5 millones de euros, el castillo, uno de los primeros del Renacimiento en España y símbolo de toda una comarca, pasa a manos públicas. “Es la campana que va a llamar a los visitantes”, decía Ramírez con emoción contenida. No era solo una compra; era la recuperación de una parte del alma del pueblo.
La emoción se palpaba en cada rincón del acto. Vecinos, técnicos, responsables políticos… todos compartían una misma sensación: la de estar viviendo un momento histórico. El propio presidente Rodríguez lo dijo con claridad: “Este castillo no es solo patrimonio arquitectónico. Es identidad, es memoria, y a partir de hoy, es también una oportunidad”.
Y es que la Diputación no quiere que el castillo sea simplemente un monumento bonito para mirar desde abajo. Lo abrirán al público ya este otoño, aunque sea solo un día a la semana al principio. Con el tiempo, y con la ayuda de la Universidad de Granada, se convertirá en un centro de vida cultural, educativa y turística. Un lugar donde celebrar conciertos, recibir escolares, investigar la historia… y simplemente dejarse asombrar.
Además de conservar el patrimonio, la intención es clara: traer vida a esta tierra. Nuevos empleos, visitantes, desarrollo local. Que La Calahorra vuelva al mapa, no como un rincón olvidado, sino como un destino con alma, con carácter, con historia que contar.
Tras décadas de promesas incumplidas y puertas cerradas, hoy las llaves del castillo cambian de manos. Pero más que eso: abren puertas al futuro. Y como dijo uno de los vecinos que asistió al acto, con los ojos brillantes de orgullo: “Ya era hora de que el castillo volviera a ser nuestro”.