
La escena no es escena ni nada que se le parezca. Es… un lugar vacío, carente hasta del mismo espacio que lo constriñe. Tal pareciera que en ese no-lugar se hubiese producido un cataclismo. Durante el tiempo que, en oscuro total, dure la función sonarán de fondo fragmentos de “Drumming”, de Steve Reich.
VOZ 1: (Con gran inquietud.) ¡Ya están a las puertas! ¡Aparecerán de un momento a otro! ¡Tendremos que buscar un lugar más seguro! ¿Pero dónde?
VOZ 2: (Voz de mujer.) ¿Y mi hijo? ¿Dónde está mi hijo? ¿Lo habéis visto? ¿Quién se ha llevado a mi hijo?
VOZ 3: Están matando gente. ¿No oís los disparos? Los siguientes seremos nosotros.
VOZ 4: Mi hermana y mis padres se encuentran al otro lado. ¿Qué habrá sido de ellos?
VOZ 5: (Enérgica.) Nos tenemos que organizar. No podemos permanecer con los brazos cruzados. O ellos o nosotros.
VOZ 6: ¿Y nosotros… cómo? ¿Nos enfrentamos a ellos con palos y piedras? Ellos son más y van armados.
VOZ 7: Sí. Tienen tanques, fusiles, metralletas, drones, misiles, aviones, bombas. Lo tienen todo para acabar con todos nosotros.
VOZ 6: Sin excepción.
VOZ 7: Ellos no hacen distinguen a nadie del resto. Todos es todos para ellos: niños, niñas, hombres, mujeres, familias enteras. Hasta las ratas si fuera preciso.
VOZ 8: Y nosotros… nosotros no tenemos nada.
VOZ 4: Mi hermana y mis padres se encuentran al otro lado. ¿Qué habrá sido de ellos?
VOZ 2: (Desesperada.) ¡Hijo mío! ¡Hijo mío! ¿Dónde está mi hijo? ¡Mi hijo!
VOZ 9: Cuando lleguen, salgamos al exterior e intentemos hablarles. Hagámosle ver que una vida, sólo una vida, vale por todas las vidas del universo, incluidas las suyas propias.
VOZ 10: A ellos les da igual nuestras vidas. Tan sólo les mueve el odio y la ambición. A los que queden en pie los someterán a la tortura, la violación y el hambre. Y al final, no quedará nada… ni nadie, ni siquiera el silencio.
VOZ 5: Ya llegan. ¿No escucháis sus gritos? ¿No sentís sus pasos? ¡Están llegando! ¡Están llegando ya! Hay que organizarse… organizarse… o huir.
VOZ 7: ¿Organizarse? Organizarse… para qué, ¿para morir? ¿Y huir de ellos? ¿Hacia dónde podríamos huir si ya no hay salvación ni consuelo para nosotros?
VOZ 3: ¿Y nuestros hermanos del otro lado? Ellos nos podrían ayudar.
VOZ 8: Dejaron de ser hermanos nuestros cuando nos atacaron por primera vez. Sí, protestaron, protestaron mucho, pero finalmente el miedo a ser atacados también los hizo enmudecer.
VOZ 3: Entonces… los otros.
VOZ 10: ¿Qué otros?
VOZ 3: Los de más allá del mar. Los de las naciones prósperas.
VOZ 10: Esos también protestan, pero menos. Además, nunca están. Miran siempre en sentido contrario. Bastante tienen con preocuparse de tener llenos de comida sus frigoríficos y sus estómagos.
VOZ 1: ¿Los oís? Se encuentran ya muy cerca. ¡No tenemos escapatoria! ¿Qué hacemos?
VOZ 5: (Claudicante.) Nada. No podemos hacer nada. Solo esperar, esperar a que lleguen y confiar en que el miedo no nos delate.
VOZ 2: ¡Mi hijo! ¡Mi hijo! ¡Hijo mío! ¡Ayyyyyyyyyyyyyy!
VOZ 4: Mi hermana y mis padres se encuentran al otro lado. ¿Qué habrá sido de ellos?
VOZ 6: Ya están aquí.
VOZ 9: Sí, ya llegan. Están subiendo las escaleras. ¿No los oís?
Crece en intensidad el sonido de la música de Steve Reich hasta alcanzar un punto insoportable de audición.
VOZ 1: ¡No tenemos escapatoria! ¡No tenemos escapatoria!
VOZ 4: Mi hermana y mis padres se encuentran al otro lado. ¿Qué habrá sido de ellos?
VOZ 2: ¡Mi hijo! ¡Mi hijo! ¡Hijo mío! ¡Han matado a mi hijo! ¡Ayyyyyyyyyyyyyy!
Silencio total. Transcurren unos eternos segundos.
VOZ 2: ¡Mi hijo! ¡Mi hijo! ¡Hijo mío! ¡Ayyyyyyyyyyyyyy!