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28F: más que una fecha, una conciencia compartida

Motril Digital.- El 28 de febrero no es solo una jornada festiva en el calendario andaluz. Es, sobre todo, una fecha cargada de memoria, significado y aspiración colectiva. Para los andaluces, el 28F representa el momento en que un pueblo decidió dejar de ser espectador de su propio destino para convertirse en sujeto político, social y cultural dentro de España.

Aquel referéndum de 1980 no fue únicamente un trámite administrativo. Fue una afirmación democrática nacida desde abajo, impulsada por una ciudadanía que reclamaba igualdad, dignidad y reconocimiento. Andalucía no pedía privilegios, sino no quedarse atrás. Y ese espíritu —el de la igualdad frente a la resignación histórica— sigue siendo el corazón simbólico del 28F.

Hoy, muchas miradas coinciden en que el Día de Andalucía es una celebración con doble lectura. Por un lado, es una fiesta popular, de banderas blancas y verdes, de himno, de actos institucionales y de tradiciones sencillas que nos unen. Por otro, es una fecha inevitablemente reflexiva, que invita a preguntarnos qué hemos hecho con aquella conquista y qué queda aún por cumplir.

El 28F inspira orgullo, pero no un orgullo vacío o folclórico, sino uno basado en la conciencia de lo logrado y en la responsabilidad de mejorar lo pendiente. Andalucía ha avanzado, sin duda, pero el espíritu del 28F sigue recordando que la autonomía no es un punto de llegada, sino una herramienta viva, que solo tiene sentido si se usa para generar bienestar, justicia social y oportunidades reales.

También hay una lectura crítica cada vez más presente: la preocupación por que el Día de Andalucía se convierta en un ritual político, condicionado por el calendario electoral o reducido a discursos previsibles. Frente a eso, muchos reclaman recuperar su dimensión cívica, su capacidad para interpelar a la sociedad más allá de los partidos y las instituciones.

En ese sentido, el 28F sigue siendo una fecha incómoda y necesaria. Incómoda porque obliga a medir la distancia entre los ideales y la realidad. Necesaria porque recuerda que Andalucía avanzó cuando creyó en sí misma y actuó colectivamente.

Para los andaluces, el Día de Andalucía es, en definitiva, una llamada a no conformarse. A reivindicar la identidad sin complejos, a defender la igualdad sin victimismo y a mirar al futuro con la misma ambición democrática que impulsó aquel “sí” histórico. El 28F no es solo lo que fuimos, sino —sobre todo— lo que aún podemos llegar a ser como pueblo en Andalucía.